Paris Roubaix. Grito de Piedra

Posted by | abril 10, 2018 | Sin categoría | No Comments

Decía Tim Krabbe en “El ciclista”, que uno tiene poca conciencia encima de una bicicleta.

“Cuanto mayor es el esfuerzo que uno hace, menos conciencia se tiene. Cualquier pensamiento incipiente se antoja una verdad absoluta, cada suceso inesperado es algo que siempre has sabido aunque lo hubieras olvidado temporalmente”.

La Paris Roubaix transforma a uno en su cuerpo durante horas.
Mutas en una sola forma redonda y opaca que contiene un universo de millones de átomos activos emitiendo señales de alerta, de dolor. Y todos ellos tan solo aplacados por la promesa a menudo ilusoria de cumplir un objetivo. Llegar.

Como una cuadriga desbocada en que máquina, jinete y bestia fueran misma cosa.

Esta prueba es un reto ciclista que hace que la fuerza de la piedra viva y afilada descargue su relámpago de granito por todo tu ser, a través de las piernas, los antebrazos y la columna vertebral. Los ciclistas aúllan literalmente sobre la piedra mientras brincan sobre sus monturas encabritadas.

Es como sentir el grito de la historia larvado durante miles de años en el tuétano de esos adoquines irregulares de pavés. Es el sonido del tiempo el que te traspasa, el sonido de los carros romanos, las huestes medievales, las diligencias, los cascos de miles de caballos, las orugas de los tanques, las botas claveteadas de soldados de todas las guerras que cayeron y yacen en sus lindes y como no, el susurro de las llantas de mas de un siglo de ciclistas profesionales y anónimos.

En mayo del 68, en Paris, podía leerse, “seamos realistas, exijamos lo imposible. Bajo los adoquines. La playa.

Esas lenguas empedradas que surcan los campos del norte de Francia, sus bosques, las praderas salpicadas de cementerios de la gran guerra, molinos de corte flamenco donde bien se podría refugiar Frankenstein de una turba enloquecida.. no ocultan la playa pero sí exigen lo imposible, son cicatrices de roca viva sobre los campos y altares para la gloria o el desastre.

La jornada empieza a las 5 de la mañana, de noche, en medio de una explanada donde miles de personas con maillots de colores y tan excitados como si hicieran cola para entra a un after van dejando sus bicicletas en camiones y parten en un autobús de la organización hasta el punto de salida, 3 horas después empieza todo.

En 172km, que es el recorrido de la Paris Roubaix Challenge, hay 29 tramos de Pavé catalogados entre 2 estrellas y 5 por su dureza y dificultad, que suman 50 kilómetros repartidos con precisa equidistancia y reservado los más duros de la mitad para el final del trayecto. El bosque de Aremberg, Mons en Pévele, Carrefour de l´Arbre.. Los mas largos de 3,7km , los más cortos 500m .

Cuando afrontas un tramo de pavé entras en un lapso de tiempo en el que todo se dispara, el corazón, los músculos, las manos con doble guante deben agarrar el manillar con doble cinta por la parte de arriba a ambos lados de la tija pero sin apretar en exceso para tener la suficiente holgura y que las vibraciones no te partan los brazos, la inclinación puede ser negativa o positiva, si vas para abajo olvida tocar los frenos porque el traqueteo te impedirá el mínimo tacto y tendrás que buscar una escapatoria para no estamparte con el que te preceda, si es para arriba tendrás que apretar con todo para superar la tendencia de la rueda a colarse entre sus rendijas.

Solo hay una técnica para afrontarlos y es que el sufrimiento pase cuanto antes, intentar volar lo más rápido que puedas por encima de ellos, si lo haces lento te atascaras sin remedio.
Las calzadas de paves al paso de los ciclistas están salpicadas de bidones, de bombas de aire, de herramientas, barritas energéticas, llaves, gafas, carnets.. y cualquier elemento que no vaya asegurado en el maillot o la bicicleta, .

Apenas hay escapatorias en muchos de los tramos y cuando las hay súbitamente están trufadas de piedras que asoman por las lindes procurando una monumental caída.

Los pinchazos, reventones de llantas o roturas de cuadros son el pan nuestro de este desafio. Nosotros fuimos afortunados y solo tuvimos un reventón cada uno en todo el trayecto.

Los primero 100 km son relativamente asequible a aquellos ciclistas entrenados, los siguientes 72 van acumulando los kilómetros y golpes en el cuerpo y van pasando factura, los 3 últimos tramos son dantescos, al menos para mi, lo fueron.

Tomamos la salida 7000 ciclistas, hombres, mujeres, algún niño, personas mayores en su último intento de ganarle la partida a esta bestia, futuros campeones…

Todo tipo de bicicletas, de última generación y antiguas como las primeras que corrieron, equipos amateurs venidos de toda Europa, corredores solitarios, un tandem.., gente diversa, pero hecha de una pasta común.

Los aficionados aplauden a los amateurs como si fueran profesionales, las caravanas estacionan en las lindes de las calzadas para vernos pasar sentados en sus hamacas, aplaudiendo el sufrimiento con sus cervezas holandesas, banderas belgas, francesas, el león de flandes.. Todo es por y para el ciclismo.

Para esta clásica que se corre desde el finales del SXIX.

La llegada Roubaix se produce por una avenida ancha que da al Velódromo que ha visto la victoria de los más grandes campeones de la historia, es un lugar mítico. Lleno de recuerdos y vibraciones que hablan de Merckx, de Gimondi, de Moser, con sus placas estampadas en las duchas de piedra…

Mi querido camarada Nacho y yo la hicimos juntos desde el inicio hasta la meta en 9 horas, 7 de ellas y media dando pedales como si no hubiera mañana, y ese vínculo es ya indeleble. Mi amigo, el Director de cine, Daniel Eceolaza nos acompañaba en un coche y estuvo siguiendo toda la prueba grabando con su cámara momentos míticos. Probablemente de entre muchas otras pruebas y marchas cicloturistas, esta lo recordaremos para siempre, aquel 7 de abril de 2018, el dia en que hicimos la Paris Roubaix.

Todavía hoy siento el sonido de las ruedas, de un ejército de ruedas, como un arado de goma sobre el adoquín, acariciando su superficie pulida e inmaculada.
Extrayendo del pavé su grito de piedra.

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RENO es una productora de contenidos audiovisuales ubicada en Madrid, (España). RENO is an audiovisual production company established in Madrid (Spain)

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